Un programa periodístico ha vuelto a cuestionar el trabajo legislativo. Evidentemente, se trata de hechos puntuales, breves instantes que no logran abarcar su total dimensión. La evaluación, en cada caso, debiera ser más global. Sin embargo, no creo útil caer en defensas corporativas, suponer intenciones y actuar como el avestruz para defender algunas prácticas inexcusables.Los legisladores tenemos una gran responsabilidad. La ciudadanía nos entrega su confianza y nos encarga regular la vida en sociedad. Esta función se financia con el aporte de hombres y mujeres, muchos de los cuales apenas cubren sus necesidades básicas. Nuestra vocación de servicio y compromiso ético debe ser primordial.
Quienes vivimos el quiebre de 1973 tenemos, además, la convicción adicional de que aún con sus imperfecciones, la democracia es el sistema que mejor defiende los derechos de todos. Protegerla e inculcarla en las nuevas generaciones depende en buena parte de lo que vean de nosotros.
Nos asiste el inmenso desafío de mejorar la calidad de nuestra política. A nivel institucional, modernizando órganos y procedimientos. Hay buenas ideas que debiéramos estudiar como implementar un congreso unicameral, regular la reelección de las autoridades, promover municipios con una mayor representación ciudadana y modificar el sistema electoral, entre muchas otras.
A nivel interno, el Parlamento debiera avanzar para enriquecer el debate y hacer más eficiente los tiempos, dándole a las iniciativas un trato acorde a su importancia y urgencia. Debemos hacer más productivas las sesiones de Sala, incorporando medios audiovisuales y procurando discutir pormenorizadamente los aspectos más relevantes de cada proyecto. En comisiones, buscar una mayor asesoría técnica y especialización. Paralelamente, debe continuarse avanzando en transparentar el uso de los recursos públicos que se entregan para el ejercicio de la función parlamentaria.
Por último, me parece que hay también un llamado de alerta para los electores. Ejercer el voto es un derecho, pero también una responsabilidad. Es tiempo de darle importancia a ese acto y ver detrás de cada candidato, las ideas y propuestas que le sustentan y la trayectoria y capacidad que le avala, en lugar de la maquinaria publicitaria que le promueve y las cuñas de radio, páginas o pantallazos de TV, muchas veces más generosos con quien realiza una labor mediocre y esquivos para el esfuerzo sistemático y serio.
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